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sábado, 2 de julio de 2011

Las negociaciones Banzer Pinochet de 1975-1978

Durante los tres años del gobierno de Salvador Allende, 1970-1973, fracasaron también los esfuerzos de las dos cancillerías con el objeto de reanudar relaciones diplomáticas. En agosto de 1971 subió a la Presidencia el general Hugo Banzer y dos años después, en septiembre de 1973, otro general, chileno esta vez, asumió el mando en Chile: Augusto Pinochet. Ambos llevarían a cabo una de las gestiones más importantes –junto a la de 1895– destinadas a solucionar la mediterraneidad de Bolivia.

En marzo de 1974, los dos Jefes de Estado se encontraron por primera vez en Brasilia, en la transmisión del mando del Presidente Geisel, y acordaron “resolver asuntos pendientes y fundamentales para las dos naciones”. Era un adelanto después de doce años sin relaciones diplomáticas.
En diciembre siguiente, Chile y delegados de otros ocho países firmaron en Lima la Declaración de Ayacucho que se refiere “a la mediterraneidad que afecta a Bolivia”.

Ese verano, el 8 de febrero de 1975, se reunieron en la localidad boliviana de Charaña, por iniciativa chilena, los generales Pinochet y Banzer; acordaron reanudar relaciones diplomáticas y, por primera vez desde 1961, resolvieron “que continúe el diálogo a diversos niveles para buscar fórmulas de solución a los asuntos vitales que ambos países confrontan, como el relativo a la situación de mediterraneidad que afecta a Bolivia, dentro de recíprocas conveniencias y atendiendo a las aspiraciones de los pueblos boliviano y chileno”.

Como en tantas otras oportunidades, la nueva etapa de aproximación se iniciaba llena de optimismo y transcurridos varios meses de reuniones y consultas, el embajador de Bolivia, Guillermo Gutiérrez
Vea Murguía, presentó, con fecha 26 de agosto de 1975, una propuesta formal con las pretensiones bolivianas, redactado sobre la base de un estudio preparado por la Comisión Marítima del país altiplánico. El mes era de especial significación pues se estaba celebrando el Sesquicentenario de la Independencia.

La propuesta tenía dos puntos fundamentales que conviene transcribir íntegros:

“1. Cesión a Bolivia de una costa marítima soberana entre la línea de la Concordia y el límite del radio urbano de la ciudad de Arica. Esta faja deberá prolongarse con una faja territorial soberana desde dicha costa hasta la frontera boliviano-chilena, incluyendo la transferencia del ferrocarril Arica La Paz.”

El otro punto era nuevo en las centenarias conversaciones marítimas, que siempre se habían reducido a la región ariqueña: 

“2. Cesión a Bolivia de un territorio soberano de 50 kilómetros de extensión a lo largo de la costa y 15 kilómetros de profundidad, en zonas apropiadas a determinarse, alternativamente, próximas a Iquique, Antofagasta o Pisagua.”

Y no se trataba de una u otra proposición, sino, como explicó el embajador Gutiérrez: “Manifesté al canciller que se trataba de un paquete de conjunto englobando todos los aspectos que preocupaban a mi país”.

Respecto al puerto de Arica, Bolivia pedía autonomía en sus operaciones; en lo referente al enclave, la propiedad de carreteras, ferrocarriles o poliductos, los que, por supuesto, serían de libre circulación para Chile.

En la nota no se hablaba de “compensaciones”, usándose, en cambio, la palabra “aportes”. De más parece decir que la proposición. trataba de dejar contentos en Bolivia tanto a los “practicistas” (que se contentan con un corredor), como a los “reivindicacionistas”, que desean recuperar el litoral perdido en Antofagasta.

Pasaron tres meses y medio, mientras Chile redactaba su respuesta. En el intertanto renunció el embajador Gutiérrez molesto porque elementos de su país lo habían calificado de “complaciente con el pensamiento chileno”. Renuncia que luego retiró. Pero era indudable que el gobierno de La Paz estaba descontento con el de La Moneda, no solo por la demora en contestar, sino por lo que calificaban de actitud ambigua chilena para reconocer, francamente, que lo que se discutía era “salida soberana al mar de Bolivia” y no solamente medidas destinadas a un acercamiento para mejorar relaciones... Se trataba –y se repetiría en 1986– de recelos y desconfianzas provocados por el largo periodo sin relaciones diplomáticas. Se comprobaba, una vez más, que el rompimiento de relaciones a que Bolivia es tan afecto, con rompimiento de relaciones a que Bolivia es tan afecto, constituye un grave error que solo le causa problemas a ese país y ninguna ventaja.

Finalmente, el 12 de diciembre de 1975, la Cancillería chilena comunicó verbalmente una respuesta que el 16 de ese mes Bolivia aceptó por escrito. Era la contrapropuesta de Chile que el 19 de diciembre debió ser entregada nuevamente y esta vez por escrito. De ella deseo destacar los siguientes puntos fundamentales:

“4) d) Chile estaría dispuesto a negociar con Bolivia la Cesión de una franja de territorio al Norte de Arica hasta la Línea de la Concordia, en base a las siguientes delimitaciones:

“ Límite Norte: el actual límite de Chile con Perú.


“ Límite Sur: la Quebrada de Gallinazos y el borde Norte superior de la quebrada del río Lluta (en forma de que la carretera A-15 de Arica a Tambo Quemado quede en su totalidad en territorio chileno) hasta un punto al Sur de la Estación de Puquios y luego una línea aproximada recta que pase por la cota 5370 del Cerro Nasahuento y se prolongue hasta el actual límite internacional de Chile con Bolivia.

“ Superficie: la Cesión incluiría el territorio terrestre ya descrito y el territorio marítimo comprendido entre los paralelos de los puntos extremos de la costa que se cedería (mar territorial, zona económica y plataforma submarina)”.

Con este párrafo de la contraproposición chilena, el gobierno de nuestro país volvía, en materia de comunicación soberana de Bolivia con el Pacífico, a una etapa de comprensión y entendimiento de las aspiraciones marítimas altiplánicas.

Se rechazaba –y nadie esperaba que se aceptara– el enclave solicitado dentro del “paquete” de la proposición; pero, lo más importante, por primera vez Chile exigía una compensación territorial en esta centenaria negociación entre los dos países: “una superficie compensatoria equivalente como mínimo al área de tierra y mar cedida a Bolivia”; Bolivia pagaría por el aeropuerto de Chacalluta, el ferrocarril de Arica a Bolivia y demás instalaciones y construcciones estatales existentes en el corredor.

Además, Chile sería autorizado a aprovechar la totalidad de las aguas del río Lauca; el territorio cedido quedaría desmilitarizado y no se podrían entregar a una tercera potencia; se dejaría testimonio “solemne” de que ésta sería la “solución plena y definitiva de la situación de mediterraneidad de Bolivia”.

Fue, indudablemente, curiosa la actitud chilena de proponer en su inicio, solo verbalmente, algo tan trascendental como una cesión territorial. Que luego, como dije, tuvo que reiterar por escrito. La aceptación tuvo que reiterar por escrito. La aceptación boliviana fue doble: primero, un sí a los “términos generales de la respuesta”; un sí con “agradecimiento”, a la “decisión... de conceder a Bolivia una costa marítima soberana, unida al territorio soberano por una faja territorial igualmente soberana”; y una precisión de que los demás planteamientos bolivianos “serán objeto de negociaciones”.

Retrocedía la historia diplomática a esos meses iniciales del año 1895, en que el joven ministro Luis Barros Borgoño iniciaba la negociación portuaria con el ministro plenipotenciario de Bolivia, Heriberto Gutiérrez. Ahora era un almirante chileno, Carvajal, que hacía entrega de la respuesta chilena a un bisnieto de Gutiérrez, a Guillermo Gutiérrez Vea Murguía.

Pero ya no se entregaban las extensas provincias de Tacna y Arica, “si por plebiscito o arreglo directo se adquiriesen”, o “la caleta de Vitor hasta la Quebrada de Camarones u otra semejante”, recibiendo por esta venta o Cesión una compensación de “cinco millones de pesos de plata”. Ahora se entregaba un territorio calculado en unos 3.000 kilómetros cuadrados de superficie (2.000 según Gutiérrez Vea Murguía), terminado en una playa de unos ocho kilómetros de largo, y su mar correspondiente, entre la Quebrada de Gallinazos y la Línea de la Concordia, canjeados, tierra y mar chilenos, por una superficie compensatoria equivalente de territorio terrestre boliviano.

Claro que en 1975 había algo que complicaba las cosas: la negociación tendría buen término si así lo quería Perú, de acuerdo con el Art. 1º del Protocolo de 1929. Para lograr ese “acuerdo previo”, el subsecretario subrogante de Relaciones Exteriores de Chile y funcionario de carrera, Javier Illanes, que mucho debió moverse por esos días, entregó otra nota el 19 de diciembre, esta vez a la Embajada del Perú. Se ponía así en movimiento, por primera vez, el mecanismo acordado para la Cesión de Tacna o de Arica.

El gobierno peruano respondió doce días después. No fue el simple sí o no que esperaba la Cancillería chilena, sino un primer acuse de recibo, el 31 de ese mismo mes de diciembre de 1975.
Chile y Bolivia: ¡Hasta cuándo!
Óscar Pinochet de la Barra

martes, 7 de junio de 2011

La primera resolución de la OEA que fue emitida 1979

El 31 de octubre de 1979, la OEA celebró en Bolivia su 12 sesión y emitió esta resolución.

Declara “que es de interés hemisférico permanente encontrar una solución equitativa por 1a cual Bolivia obtenga acceso soberano y útil al océano Pacífico”.

Considerando “que es necesario conseguir, con espíritu de fraternidad e integración americana, el objetivo señalado en el punto anterior y consolidar una paz, que estimule el progreso económico y social en el área de América directamente afectada por las consecuencias del enclaustramiento de Bolivia”.

Resuelve: 1.- “Recomendar a los estados (Bolivia y Chile) que inicien negociaciones encaminadas a dar a Bolivia una conexión territorial libre y soberana con el océano Pacífico. Tales negociaciones deberán tener en cuenta los derechos e intereses de las partes involucradas y podrán considerar (...) la inclusión de una zona portuaria de desarrollo multinacional integrado y, asimismo, tener en cuenta el planteamiento boliviano de no incluir compensaciones territoriales.

2.- “Continuar la consideración del tema ‘Informe sobre el problema marítimo de Bolivia’ en el próximo periodo de sesiones de la Asamblea General”, desarrollado en EEUU.

Chile tomó en cuenta sólo 2 de 11 notas

Entre 1979 y 1989, la Organización de Estados Americanos (OEA) emitió 11 resoluciones referidas a solucionar la demanda de una salida soberana al mar, en las que se declaró también que se trata de un tema de interés hemisférico, sin embargo, Chile sólo tomó en cuenta la disposiciones de 1980 y la de 1983, según el ex canciller boliviano Armando Loaiza.

La primera establece una solución al problema marítimo en Bolivia, planteando un arreglo pacífico negociado con el objetivo de que el país cuente con una salida soberana al mar. “En ese entonces, Chile aceptó tomar en cuenta el pedido y de alguna forma iniciar un acercamiento entre ambos países para poder sostener conversaciones, pero no hubo los resultados que se esperaban”, explicó Loaiza.

Pero en 1983 y gracias la mediación de Colombia (lugar donde de realizó la Asamblea General, en 1985), que recibió una propuesta de Chile y Bolivia denominada “enfoque fresco”, se inició una nueva etapa de relación y negociación bilateral.

“La resolución de la OEA dio pie a la negociación que tomó mayor fuerza en 1986”, agregó.

Bolivia planteó la cesión de un corredor soberano al norte de Arica; la propuesta incluso contenía coordenadas geográficas.

Asimismo, establecía un enclave con tres alternativas: la Caleta Camarones y Pisagua; entre Tocopilla y Cobija; y, por último, entre Michilla y Mejillones.

La propuesta boliviana fue presentada por el entonces canciller Guillermo Bedregal a Chile en 1987, en Montevideo, Uruguay; fue su homólogo chileno, Jaime del Valle, quien recibió el documento.

“Pero luego Bolivia expresó que no estaba preparada para ofrecer ninguna compensación territorial. Chile esperaba un canje de territorio equivalente y determinó que no se avanzaría más en el acuerdo. Desde entonces, excepto esas dos resoluciones, ninguna fue tomada en cuenta por Chile. Augusto Pinochet aún era presidente”.

Loaiza señaló que las disposiciones siguen vigentes porque fueron aprobadas conforme al estatuto de la asamblea general por al mayoría de los países que integra la OEA; “normalmente, las resoluciones se aprueban por consenso, pero cuando hay oposición, se opta por votar y el resultado se rige según la mayoría de los miembros”.

En esta jornada, el canciller David Choquehuanca pondrá sobre el tapete en el pleno de la OEA las 11 resoluciones emitidas hace 32 años para “denunciar” que Chile no ha dado cumplimiento a las recomendaciones respecto al tema marítimo.

jueves, 21 de abril de 2011

Por los lugares de la Guerra del Pacífico

El puente Topáter, como para que no queden dudas, conecta la autopista con una avenida cuyo nombre es La Paz. Extraño reconocimiento (o burla) que hicieron las autoridades calameñas del siglo pasado en el escenario que nos dejó la historia más épica de la guerra en la que perdimos nuestras costas.

Las marcas de esa guerra, como cualquier otra, permanecen en Antofagasta, Calama y Tocopilla. 132 años después de la invasión de 1879 están ahí; los edificios, los ferrocarriles, los monumentos, el campo de batalla, las armas, las ciudades, los puertos y, obvio, el mar. También queda, aunque ahora ya no es esa vieja plataforma de madera sino un tramo de concreto y asfalto, ese puente donde la historia cuenta que se gritó aquel histórico "¿rendirme yo...?".

El puente Topáter modelo 2011 es pura tranquilidad y resulta difícil imaginar que ése fue el marco de un capítulo dramático de nuestra historia. Está en las afueras de Calama, una ciudad que está a 2.250 metros sobre el nivel del mar y que ahora tiene alrededor de 138.400 habitantes.

Buses de transporte interregional cruzan ocasionalmente, también aparecen taxis y colectivos (equivalente chileno a los trufis), que van hasta un cementerio privado cerca de allí.

También asoma un hombre con sombrero de ala ancha montado en su caballo. Galope tranquilo rumbo a unas lomas de arena, allí fue la batalla principal de Calama, un 23 de marzo.

"Combate de Topáter: Durante la campaña de Antofagasta, fuerzas chilenas con la misión de ocupar Calama combatieron y vencieron a tropas bolivianas", se puede leer en la placa de la plazuela que fue instalada en el lugar del enfrentamiento en el que cayeron los Colorados. Otra placa reconoce el "heroísmo" de Eduardo Abaroa.

No es el único homenaje que el héroe nacional recibe en Calama. Una de las calles que se desprende de la plaza principal de esa ciudad se llama Eduardo Abaroa. "Mayor que al mando del Ejército de Bolivia pereció en la acción del Vado del Topáter", se lee en una placa en esa céntrica esquina.

Calama y Antofagasta, en sus libros de historia y museos, recuerdan como "el periodo boliviano" a lo que vivieron entre 1825 y 1879. De acuerdo al relato de los historiadores chilenos esa no fue una de las épocas más auspiciosas para estas poblaciones.

Ambas ciudades, ahora convertidas en la segunda región del norte de Chile (junto a Tocopilla, Mejillones y otras poblaciones menores) viven gracias a la minería y la agricultura. Cuando eran suelo boliviano todavía no se sospechaba de la riqueza que ocultaba esa tierra llena de cobre.

En 1866, José Taborga, prefecto boliviano de Cobija (la ciudad portuaria invadida, no la pandina), fundó Antofagasta. La ceremonia se realizó en las playas del océano Pacífico.

Al lado de ese edificio, ahora convertido en museo, está un monumento a uno de los militares chilenos que encabezó la invasión de 1879.

Mucho ha cambiado la ciudad en los últimos años. El boom de la minería privada hizo que salte de 150 mil habitantes hace apenas 15 años a medio millón de pobladores, es la nueva tierra de las oportunidades.

Antofagasta ya es una ciudad tan cara como Santiago, es la segunda más insegura y la más contaminada. Edificios gigantes, supermercados de líneas internacionales, megapuertos y complejos industriales rodean el casco viejo de la ciudad. Las playas son artificiales y la mayoría privadas.

Rastros de Bolivia se encuentran sólo en el casco viejo, lejos de la modernidad impuesta allí. Las huellas de la guerra del Pacífico están en los edificios históricos y en los museos. A diferencia de Calama, pareciera que la ciudad no tuviera tiempo para levantar el pie del acelerador y mirar atrás.

En la calle Andrónico Abaroa (nieto de Eduardo) está un edificio que durante el siglo XX perteneció al Banco Mercantil y que ahora es monumento. Hay otro que está descuidado que dicen que aún pertenece a Comibol.

Mucho más atrás quedaron las otras poblaciones que quedan del "periodo boliviano". Tocopilla apenas tiene 31.900 habitantes y unos puertos menores. Similar situación atraviesa Mejillones, cuyas costas son usadas para transportes locales.

Sin embargo, queda algo común en todas las paradas. Desde la metrópoli antofagastina hasta el pequeño puerto de Mejillones: encuentras bolivianos en todas partes. Ellos no invadieron nada, cruzaron la (nueva) frontera para buscar la suerte que no encontraron en los centros mineros de Potosí o en el altiplano. Apuntaron al Pacífico y se ganaron, con mucho trabajo, su salida soberana al mar.

Aquellos soldaditos de plomo...

Guerra. Aquí y allá la recuerdan, queda marcada para vencedores y para vencidos. Puede ser una gesta gloriosa, un episodio nefasto, un momento de heroísmo, una injusticia, una impostura, un error o, simplemente, una estupidez.

Acá, en los libros conocimos un retrato de un Eduardo Abaroa vestido de héroe en la defensa del suelo boliviano. Con un Ejército derrotado se negó a rendirse e hizo del puente Topáter su última trinchera. Los dibujos de los libros de la historia contarían que murió con una bandera tricolor en una mano y con su arma de fuego en la otra.

Allá la gesta habla del glorioso Ejército chileno que doblegó a los bravos colorados que bajaron desde la cordillera. Nunca fue una invasión ni una usurpación. En Chile se conforman con decirle "la campaña de Calama".

Aquí sabemos que los ingleses tuvieron mucho que ver. Allá miran a un costado aún cuando la bandera británica está en la plaza central de Antofagasta.

132 años después queda eso. Memorias distintas, lugares compartidos, un sinfín de comuniones y un conflicto irresuelto. Lo que empezó cuando se enfrentaron aquellos soldaditos de plomo.

Por Boris Miranda. Periódico Pagina Siete

martes, 12 de abril de 2011

Preparan dossier histórico para respaldar estrategia boliviana

(Hoy Bolivia) La estrategia marítima que pondrá en marcha Bolivia para solucionar la mediterraneidad ha comenzado a elaborarse para contar con un completo dossier de argumentos históricos, manifestó el historiador Fernando Cajías de la Vega.

En una entrevista a la radio estatal, Cajías dijo que la estrategia se elaborará desde dos perspectivas que son la histórica y la fase operativa, que es la jurídica.

“Bolivia hizo esfuerzos los últimos cinco años para lograr un acuerdo con Chile en forma bilateral, pero no hubo una respuesta concreta del Gobierno de Santiago”, enfatizó.

Cajías de la Vega subrayó que “si bien hubo avances para distensionar las relaciones entre los dos países, lamentablemente no llegó la respuesta concreta de Chile a la reivindicación nacional”.

ARRIESGAR PARA GANAR

“Ya perdimos el Litoral en una guerra con Chile, ¿qué más podemos perder?, se cuestionó el especialista.

Manifestó que el principal objetivo con la estrategia marítima es conseguir que los tribunales internacionales den la razón a Bolivia y el segundo ganar fuerza internacional para presionar a Chile que dé viabilidad a la solución de la demanda nacional.

“Bolivia nació con una cualidad marítima, que se refleja en la posesión de costas sobre el Pacífico, por lo que el objetivo supremo es conseguir que recupere una salida soberana y útil al mar”, explicó.

domingo, 10 de abril de 2011

Allende quiso devolver el mar a los bolivianos

“No somos Gobierno de la oligarquía minoritaria, somos el pueblo”, le dijo el ex presidente de la República de Chile Salvador Allende al escritor y periodista boliviano Néstor Taboada Terán, el jueves 12 de noviembre de 1970. “No le pedimos nada al sufrido pueblo trabajador boliviano, queremos solamente reparar el despojo cruel del que ha sido víctima”, añadió el ex Primer Mandatario a los seis días de haber sido posesionado.

Allende fue el prócer chileno y socialista que intentó devolver el mar a Bolivia, y tres años después de haber manifestado esta su disposición fue acribillado a tiros en el Palacio de La Moneda de Santiago de Chile.

El escritor Taboada Terán refleja el trascendental hecho histórico con una serie de detalles en su reciente obra: Salvador Allende ¡Mar para Bolivia!. El texto, en su segunda edición con más de 200 páginas, rememora las dos entrevistas exclusivas que tuvo Taboada con Allende en Chile. Y en su contenido, con una fluida narrativa, es posible encontrar referencias, relatos, personajes y acontecimientos de la década de los 70 en Chile, América Latina y el mundo.

“Bolivia tiene un gran amigo presidente, Salvador Allende que se ha jugado la vida por el país, él no ha muerto por sus ideas socialistas, fue asesinado porque quería devolver el mar a Bolivia. El libro plantea la verdad del asunto”, dijo el autor, quien escribe que el verdugo que trabajó en las sombras con Banzer y Kissinger fue el general Augusto Pinochet, designado días antes por Allende como comandante general del Ejército chileno.

Taboada Terán describe en su segunda entrevista con Allende —la primera fue antes de su posesión en junio de 1970— y refleja al ex mandatario como cordial y atento, vestía siempre elegante. Un gentleman médico y socialista. Después de los saludos protocolares tomamos asiento en los mullidos asientos del Palacio de La Moneda —escribe el autor—, hablamos del Gobierno boliviano presidido por el general Juan José Torres Gonzales y comentamos el decreto del restablecimiento de relaciones diplomáticas, comerciales, culturales y consulares de Chile con el Gobierno socialista de Cuba.

Allende fue candidato a la presidencia de la República de Chile en cuatro oportunidades: en las elecciones de 1952 obtuvo un magro resultado; en 1958 alcanzó la segunda mayoría relativa tras Jorge Alessandri; en 1964 obtuvo un 38% de los votos, que no le permitieron superar a Eduardo Frei Montalva; y, finalmente en 1970, en una reñida elección a tres bandas, obtuvo la primera mayoría relativa de un 36,3% siendo electo por el Congreso Nacional. De ese modo, se convirtió en el primer presidente marxista en el mundo que accedió democráticamente al poder en la República de Chile.  

Durante la entrevista, el Primer Mandatario manifestó —dice Taboada Terán— que se hallaba dispuesto a iniciar el tiempo de la reparación de agravios, la injusticia centenaria que pesaba sobre Bolivia. Chile tenía un Gobierno popular, Bolivia también y Perú. Y en ese momento, de forma sorpresiva Allede pronunció: “Bolivia retornará soberana a las costas del mar Pacífico”.

Taboada escribe: “Esta declaración me tomó de sorpresa. Nunca había imaginado, como es lógico suponer, oír de los labios de un chileno  y nada menos Presidente de la República. Prosiguió y dijo el presidente Allende que en esta operación el pueblo boliviano, sus organizaciones políticas, democráticas, sindicales, sus intelectuales, los estudiantes, deberían disponerse a jugar un papel democrático decisivo. Desempeñar el gran rol democrático de pueblo a pueblo. No de oligarquía a oligarquía. “Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende”, escribe mucho después Gabriel García Márquez.

Después de la entrevista, dice Taboada Terán que nadie le llevaba el apunte, porque nadie creía en los chilenos. “Pero yo sí creo en Allende, un Presidente que fue nuestro amigo”, escribe Taboada Terán.

Allende agregó en esa memorable entrevista “que los escritores y todos los hombres y mujeres de buena voluntad deben venir a Chile y explicar sus anhelos, discutir, crear las condiciones objetivas y subjetivas en el pueblo chileno para poder llegar al feliz entendimiento”. En ese instante sólo atiné a recordar, dice Taboada Terán, lo que había dicho alguna  vez sobre este asunto el poeta chileno Vicente Huidobro: “Entre chilenos y bolivianos debe reinar la fraternidad, debe nacer de una vez por todas la verdadera fraternidad humana y dar ese ejemplo al mundo. Ése sería nuestro más alto honor en la historia del hombre”.

Mi alma enclaustrada vibraba. Todo mi ser invadido por una intensa emoción. Y ahí estaba frente a frente, la personalidad más extraordinaria de la historia latinoamericana, señalaba nuevos rumbos de convivencia a nuestras naciones, dice Terán.

El autor considera que su obra revela el ánimo socialista que cada día nos muestra las grandes perspectivas que tenemos para remediar los problemas de América Latina.

Impuesto de 10 centavos y la usurpación

En 1878, el congreso de Bolivia se abocó al estudio del acuerdo celebrado por el Gobierno con Chile en 1873. Para Bolivia, el contrato firmado con la Compañía de Salitres de Antofagasta aún no estaba vigente porque, de acuerdo con la Constitución boliviana, los contratos sobre recursos naturales debían aprobarse por el Congreso. Se hizo por la Asamblea Nacional Constituyente boliviana, mediante una ley el 14 de febrero de 1878, a condición de que se pagara un impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado. Ante la resistencia del pago, se ordenó rematar sus bienes para cobrar los impuestos. Pero el 14 de febrero, el día del remate, tres naves chilenas desembarcaron en Antofagasta, Mejillones, Cobija y Caracoles reivindicándose estos territorios.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Plan audaz para recuperar el mar

Chile devuelve a Perú la región de Arica, Bolivia accede al mar y a una costa de 450 kilómetros desde Rada Sol y el primero se queda con Chuquicamata en el Litoral, así podría resumirse  la propuesta del arquitecto paceño Wálter Federico Nielsen-Reyes Sánchez.

Sobrino del ex diplomático Federico Nielsen Reyes, el arquitecto defiende su posición tal cual lo haría un soldado desde un puesto de batalla. Para él no hay negociaciones limitadas circunscritas a sesiones de gas o agua dulce. “Todo forma parte de un paquete de negociaciones”, insiste.

El nuevo mapa  sugiere que a cambio del cautivo y extenso territorio boliviano, Chile devuelva la provincia de Arica a Perú, y que los peruanos a cambio, observando el Tratado de 1929, permitan que Chile ceda a partir de Pisiga la franja por la que Bolivia logre acceso propio, soberano, al océano Pacífico hasta terminar en una porción recuperada de su costa propia en el Litoral.

Si bien se resigna la posibilidad de recuperar todo el territorio cautivo, considera que lo que interesa prioritariamente es “salir a la vecindad del mundo”.

Para el arquitecto, así los peruanos podrán recobrar Arica hasta la Quebrada y el río Camarones que posteriormente puede ser el eje de Perú y Chile. Mientras que los bolivianos pueden reconquistar Tocopilla, Cobija, Loa, La Mar, Mejillones y pasando hasta Antofagasta. A cambio se permite que el ferrocarril de Chuquicamata pase y pueda seguir exportando el cobre.

Franja. La propuesta comprende, además, ceder a Chile, Bolivia y Perú una franja adicional. “Es una sesión de 24 mil kilómetros cuadrados de soberanía compartida además entre los tres países para relación de amistad”. Esta región quedaría, según el mapa al lado de la antigua frontera Perú-Bolivia.

Nielsen Reyes-Sánchez cree que esta propuesta es mucho mejor que la de Charaña en 1975. “Aquello era un miserable corredor que ofreció Chile con un territorio cautivo peruano. Eso no es ni el uno por ciento útil de los 158 mil kilómetros cuadrados que nos usurparon en 1879”. Son preferibles 450 kilómetros de costa, según su proyecto, a los 10 kilómetros que se ofreció en Charaña.

En un estilo sereno, pero seguro, Nielsen Reyes-Sánchez, de 79 años, apunta y dispara. “Se nos dice siempre: ‘El mar nos pertenece y recuperarlo es un deber’. Eso es un absurdo. Debería decir: ‘El Litoral nos pertenece y recuperarlo es un deber’, porque el océano viene como consecuencia lógica; somos dueños del mar que es universal porque es de todos con sus limitaciones. Debemos recuperar derechos sobre el Litoral”.

El arquitecto, y apasionado  de la causa marítima desde hace 40 años, cree que Bolivia debería acudir a un Tribunal Internacional y si Chile se niega a comparecer ante él “no importamos ni un alfiler de ellos”. Asimismo, cree que se debería exportar el gas por Perú. “Tenemos la llave del grifo y podemos abrirla cuando queramos”.

Recursos para un concurso

-El arquitecto Wálter Nielsen Reyes-Sánchez considera que el Gobierno debe conformar una comisión de alto nivel y dotarla de recursos  económicos para que convoque a un concurso internacional donde se premie al mejor proyecto que permitan una salida al mar.

-El autor sugiere, además, la nulidad del funesto Tratado de 1904, incluso con el resarcimiento de daños y perjuicios causados en más de un siglo de explotaciones.

-Exige que un Tribunal Supremo Internacional dirima la situación, resolviendo con comprensión humanística y rigor el caso de Bolivia-Perú frente a Chile con el concepto universal de hacer el bien en favor de partes.

Los hitos entre Bolivia y Chile

1880, 26 de mayo
Se produce la Batalla del Alto de la Alianza, o Batalla de Tacna siendo una de las acciones militares más grandes de la Guerra del Pacífico.  Se enfrentaron los ejércitos aliados del Perú y Bolivia contra Chile. El Ejército de Chile derrota a su contraparte aliada y Bolivia se retira.

1883, 20 de octubre
Se firma el tratado de Ancón (Perú), que pone fin a la guerra de Chile contra Perú y Bolivia. Se dispuso la entrega “a perpetuidad e incondicionalmente” a Chile, por parte de Perú, de Tarapacá, mientras que Tacna y Arica quedaron bajo la tutela chilena por diez años.

1884
Tras un Pacto de Tregua con Bolivia, Chile estableció que el territorio comprendido entre el río Loa y el paralelo 23 quedaría bajo Chile, mientras que Bolivia tendría acceso a los puertos de Arica y Antofagasta, para poder sacar sus productos al mar. Establecen tregua indefinida.

1895, 18 de mayo
Chile y Bolivia firman un Tratado especial sobre transferencia de territorio que posibilitaría el acceso boliviano al mar por Tacna, Arica, Vitor o Camarones, en función del resultado del plebiscito sobre Tacna y Arica. El acuerdo fracasó,  Perú vio en ello un acto inamistoso.

Los prejuicios entorpecen a Chile y Bolivia

Considero que si hay algo que entorpece nuestra relación, además del tema marítimo, son los prejuicios que tenemos unos respecto de los otros. La superación de los prejuicios constituye una tarea concreta a realizar en torno a cualquier proceso de integración.

Un medio apropiado para superar los prejuicios que hay entre nosotros es el conocimiento mutuo y la mejor manera de hacerlo es a través de viajes que nos permitirían conocernos en el ambiente donde vivimos.

La posición de Chile respecto de la demanda marítima boliviana no ha sido la misma a través del tiempo, no obstante que algunos creen lo contrario.

Las propuestas chilenas sobre el tema marítimo no suponen modificar el Tratado de 1904, sino la suscripción de otro que lo complemente. Sin embargo, El Mercurio de Santiago, el periódico más importante del país, persiste en que cualquier negociación supone modificar dicho Tratado, lo que implica ignorancia o mala fe.

Los planteamientos de los gobiernos chilenos partidarios de solucionar el diferendo marítimo, han implicado promesas y generado expectativas que algún día hay que cumplir, para lograr entre Chile y Bolivia una amistad y cooperación sin sombras.

Además de la posición oficial, hay que destacar que ha habido ciudadanos chilenos y organizaciones de la sociedad civil que han tomado una postura decidida para que, a través de negociaciones diplomáticas, Bolivia recupere su cualidad marítima.

Los responsables de solucionar el diferendo no son exclusivamente los gobiernos de Chile y Bolivia, sino también el Gobierno del Perú. Corresponde pasar de un enfoque bilateral a uno trilateral. También cabe un rol a las personas y a la sociedad civil. De manera especial a las universidades, las iglesias, las organizaciones de los trabajadores, empresarios y estudiantes.

Loreto Correa, Académica de la Universidad de Santiago de Chile


¿Es posible hoy un acuerdo de acceso soberano al mar por parte de Bolivia?

No, definitivamente, este gobierno ha dejado un espacio para todo tipo de negociaciones comerciales y de integración en todos los niveles. La vía soberana no se encuentra en las plataformas de análisis de ningún organismo, ni autoridad del Estado. Hasta donde tengo entendido, y a la fecha, la Cancillería y el presidente Piñera tienen absoluta conciencia de que no es posible hacerlo.

¿Habrá soluciones graduales para empezar a resolver la mediterraneidad boliviana?
Sí, creo que gradualmente el tema soberano resulta poco práctico a la hora de empezar las negociaciones. En la práctica, la integración física no la requiere, y la comercial, menos. Los acuerdos suscritos entre los dos países proporcionan vías mucho más prácticas y viables para mejorar la relación bilateral en todos los contextos.

¿Qué acciones más o menos inmediatas se pueden pensar en beneficio mutuo?
El tema de los puertos, la seguridad fronteriza, los pasos, el tren y la carretera que nos unen deberían mejorar. Los resultados deberían medirse tanto por el aumento de la balanza comercial a favor de Bolivia, como por un estudio nuevo sobre integración energética. Si Bolivia condiciona la relación a la soberanía, Chile seguirá en su misma postura. Chile no gana nada dando territorio; si Bolivia gana algo, tengo dudas: porque no es un tema sentimental el que prima en la construcción de las relaciones, sino un tema político económico. Porque Bolivia no tiene dinero ni para un puerto, ni para construir otra carretera.

¿Cómo está el sentimiento de los chilenos hacia Bolivia y su demanda de mar?
En relación a la demanda marítima, los avances no existen sino en el contexto del diálogo de la agenda de los 13 puntos, diálogo que en el punto 6º es nulo hasta aquí. La presidencia indígena no ha alterado la relación, hoy se comercia algo más que hace 10 años, pero no tiene que ver con el presidente Morales, sino con la oferta exportadora de ambos países. Hoy se conoce más a Bolivia, esto tiene que ver con la globalización, con la cercanía personal entre Bachelet y Morales, pero no precisamente con su condición de indígena.

La razón chilena

1.El argumento de que la civilización de Tiwanaku tuvo presencia en el Pacífico no es relevante.
2.Así como ciertos historiadores aseguran que  la Audiencia de Charcas tuvo un litoral en el Pacífico, existen otros que afirman, también con evidencia, que no tuvo dicho litoral.
3.Los especialistas chilenos insisten en que, desde la Colonia hasta hoy, Bolivia es básicamente un núcleo altiplánico.
4.En vísperas de la Guerra del Pacífico, la inmensa mayoría de la población y de las minas e instalaciones en el área disputada correspondía a chilenos.
5.En el estallido de la Guerra del Pacífico los gobiernos chilenos se limitaron a dar respuesta a amenazas inminentes: el Tratado Secreto de 1873 entre Bolivia y Perú, cuyo fin era prepararse para enfrentar a Chile.
6.Abraham Koning, representante en La Paz en 1900: “Chile ha ocupado el litoral y se ha apoderado de él con el mismo título con que Alemania anexó al imperio la Alsacia y la Lorena... Nuestros derechos nacen de la victoria, la ley suprema de las naciones. Que el litoral es rico y que vale muchos millones, eso ya lo sabíamos. Lo guardamos porque vale...”
7.Es necesario dejar de lado la acusación de que Chile en la época de la guerra fue un país belicista y que buscó el enfrentamiento a toda costa. La verdad es que una parte sustancial de sus dirigentes se pronunció contra la guerra.
8.Entre Chile y Bolivia no hay asuntos territoriales ni de límites pendientes, sino sólo la aspiración marítima de una de las partes; el tratamiento de este asunto es bilateral, privativo a Bolivia y Chile.

Extractado de El Largo
Conflicto, Luis Maira (Chile)

1987, Bolivia insiste: o un corredor o un enclave

En el acercamiento de 1987, esta vez la iniciativa la tuvo Bolivia, con propuestas territoriales concretas, formuladas a Chile mediante dos memorandos. En el primero, se reclama la cesión de un corredor soberano al norte de Arica y a lo largo de la frontera entre Perú y Chile; y, en el segundo, se propone tres posibilidades de cesión de un enclave, también soberano, sobre el litoral chileno.

El planteamiento del corredor al norte de Arica, que en la propuesta boliviana del 87 comprendía incluso coordenadas geográficas, en realidad era una idea que había sido trabajada por Bolivia y Chile ya en 1950 y en 1975.

Lo nuevo aquí es el enclave soberano que plantea Bolivia mediante tres alternativas: uno entre Caleta Camarones y Pisagua; otro, más abajo, entre Tocopilla y Cobija; y, el tercero (más al sur), entre Caleta Michilla y Mejillones.

La primera alternativa comprendía una superficie de 1.068 kilómetros cuadrados, con un “frente de costa” de 42 kilómetros; la segunda alcanzaba a 1.238 kilómetros cuadrados, con una costa de 47 kilómetros; y, la tercera, 1.500 kilómetros cuadrados, con una costa de 50 kilómetros.

Fresco. La propuesta boliviana estaba en el marco de lo que el presidente de entonces, Víctor Paz Estenssoro, llamó de “enfoque fresco del problema”.

Los dos memorandos bolivianos fueron presentados a Chile en la reunión del 21 al 23 de abril de 1987 en Montevideo, Uruguay. El canciller boliviano era Guillermo Bedregal Gutiérrez, y el chileno, Jaime del Valle. Augusto Pinochet aún era presidente de Chile.

La respuesta de Chile a los memorandos bolivianos vino a los 46 días de la cita de Montevideo, mediante un comunicado de prensa de su cancillería, el 9 de junio.

En la parte central de la nota, la posición chilena es lapidaria: “Después de esta intensa etapa de análisis, consultas y pormenorizada información y dentro del espíritu de seriedad y franqueza que caracteriza a la política exterior chilena, la Cancillería siente el deber de manifestar que no resulta admisible para Chile el fondo de la aludida propuesta boliviana en sus dos alternativas, esto es la concesión de territorio chileno soberano sea a través de un corredor al norte de Arica o de enclaves a lo largo de su litoral”.

Impulso económico a Charaña

La franja territorial al norte de Arica pudo haber tenido la virtud de dinamizar la economía de la provincia Pacajes de La Paz, especialmente del municipio de Charaña, pues el ingreso a Bolivia por un “camino boliviano”(dentro del corredor) era precisamente por Charaña, concretamente, la carretera Arica-Bisbiri-Charaña-La Paz. Con la vigencia de la franja, en poder de Bolivia también iba a quedar el ferrocarril La Paz-Arica; así como el oleoducto Sica Sica-Arica; además del aeropuerto de Chacalluta.

La franja al norte de Arica, el mayor avance

La franja territorial al norte de Arica y que corre junto a la Línea de la Concordia (la actual frontera entre Perú y Chile), es una de las propuestas más elaboradas para resolver el problema marítimo boliviano, coinciden el ex canciller Javier Murillo y el ex diplomático Ramiro Prudencio Lizón.

Aclarando que no es, propiamente, un planteamiento chileno, sino de elaboración conjunta entre ambos países, Murillo afirma que el corredor “es una propuesta válida; a mi juicio es la única viable, porque no se puede pretender una franja al sur de Arica, porque se estaría dividiendo en dos el territorio de Chile”.

Pero una franja territorial boliviana en la frontera peruano-chilena, de hecho convoca a Perú en la negociación, pues en virtud del tratado de 1929 entre ambos países, cualquier cesión que Chile haga de este territorio (que antes perteneció al Perú), debe contar con la aprobación del país incaico.

En 1975, cuando se habló del corredor, la posición peruana fue peculiar: levantó el veto a la franja, admitiendo la soberanía boliviana en ésta, pero sólo hasta donde cruza la carretera Panamericana entre Arica y Tacna (cerca al mar) y, a partir de allí hasta la costa planteó la creación de un territorio trinacional.

Este territorio tripartito es coherente con la convicción de Perú, dice Murillo, de que la franja boliviana no debe romper con la unidad cultural, económica y social que hoy existe entre Tacna (Perú) y Arica (Chile).

Intereses, antes que buenos deseos

Para el ex canciller Javier Murillo, el problema marítimo será resuelto sólo “cuando concurran en un mismo momento político la efectiva voluntad de Chile, el consentimiento del Perú y la convergencia de criterios en Bolivia”.

Esta coincidencia es lo que no se dio en la larga historia de los acercamientos y alejamientos entre Bolivia y Chile. Ramiro Prudencio recuerda que “cuando se llega a algún entendimiento con Chile, es que éste algún interés tiene en Bolivia”.

En 1975, por ejemplo, considerada la negociación de mayor alcance del siglo XX, ¿por qué Chile aceptó ingresar en la negociación?, se pregunta Murillo (Revista Lazos, Fundación Unir). “Las respuestas son obvias: se había intensificado la presión argentina sobre el Canal de Beagle; se estaba a menos de tres años del centenario de la Guerra del Pacífico; el Gobierno de Chile sufría un severo aislamiento internacional”.

Depuesto Alvarado, tranquilizada Argentina, “Chile va perdiendo interés en la negociación con Bolivia. A medida que se disipan los peligros, La Moneda hace más difíciles las condiciones del arreglo…”

Los hitos entre Bolivia y Chile

1879, 13 de febrero
El ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, Eulogio Doria Medina, expresa al representante peruano José Quiñones su temor de que “Chile habría entrado al campo de los hechos apoderándose de Antofagasta”. Se cierne un conflicto y los chilenos se preparan para las escaramuzas. 

1879, 14 de febrero
Se produce la ocupación chilena a Antofagasta, y un día más tarde se toma Cobija y Caracoles. Los cónsules bolivianos en Valparaíso, coronel Juan Granier, y en Tacna, Manuel Granier, envían mensajeros a La Paz para informar que Chile ha ordenado la ocupación del litoral nacional.

1879, 23 de marzo
Tras hacer huir en principio a los jinetes chilenos, Eduardo Abaroa queda malherido en el puente Topáter cercado por los trasandinos. Armado de su Winchester, que no dejó de disparar, siguió combatiendo y cuando le pidieron que se rinda respondió: “¡Que se rinda su abuela, carajo!”.

1879, 8 de octubre
Los buques chilenos logran hundir al peruano “Huáscar” y a su legendario capitán Miguel Grau. Para ello, los chilenos apelan a la fuerza del “Blanco Encalada”, “Matías” y “Covadonga”, además de los enormes acorazados: “Lord Cochrane”, “O’Higgins” y “Chacabuco”.

Bolivia toca el mar y Perú interviene

Bolivia estuvo a punto de obtener una salida al mar en 1975, en la negociación marítima más importante con Chile que se produjo en el siglo XX, sin embargo, esta vez fue Perú quien intervino en el  virtual entendimiento al proponer un área territorial bajo soberanía compartida de los tres Estados.

El ‘Abrazo de Charaña’ entre los presidentes de ese entonces Hugo Banzer Suárez y Augusto Pinochet no sólo reanudó las relaciones diplomáticas entre bolivianos y chilenos, rotas después de las negociaciones de 1950, también abrió una puerta de esperanza al reclamo centenario de Bolivia.

Banzer y Pinochet se reunieron en la estación ferroviaria de Charaña el 8 de febrero de 1975. En el documento se pide la “cesión a Bolivia de una costa marítima soberana entre la línea de la Concordia y el límite del radio urbano de la ciudad de Arica...” y “de un territorio soberano de 50 km de extensión a lo largo de la costa y 15 km de profundidad en zonas apropiadas a determinarse, alternativamente próximas a Iquique, Antofagasta o Pisagua”.

La respuesta chilena se conoció ese mismo año. El 19 de diciembre, el canciller, almirante Patricio Carvajal, comunicó a su homólogo boliviano, Guillermo Gutiérrez Vea Murguía, que aceptaba ceder un Corredor al norte de Arica de unos 2.500 kilómetros cuadrados de extensión, desde Bolivia hasta la costa. Esa zona incluía el aeropuerto de Chacalluta y el ferrocarril de Arica a La Paz.

Lo que Chile no aceptó fue la cesión del enclave al sur del territorio ariqueño. Consideró muy difícil que sus habitantes aceptasen ceder dos territorios con soberanía. A cambio del Corredor ofrecido, el gobierno del general Pinochet exigió una compensación territorial.

El historiador y diplomático Ramiro Prudencio recuerda que los chilenos habrían estado dispuestos a recibir como canje 3.650 kilómetros en la frontera. Un territorio que como sucede hoy, en ese entonces tampoco estaba poblado. No obstante en el país pocos estaban dispuestos a dar algo a cambio de la salida al mar.

“No agradó la idea de pagar con territorio por el corredor. Además, Banzer cada año se debilitaba más y perdía credibilidad. Al final casi lo convencieron para que después rompa las relaciones con Chile”, agrega Prudencio.
 
Llave. Sin embargo, el mayor escollo no tenía que ver con el canje territorial. La dificultad llegó desde Lima. Perú, que según las condiciones del Tratado de 1929 debía ser consultado, cuestionó la fórmula boliviano-chilena.

“Se suponía que la respuesta debería ser afirmativa o negativa. Pero el Gobierno peruano, astutamente, presentó en cambio una nueva propuesta de solución, creando una zona trilateral al norte de Arica”, escribe el historiador y diplomático Javier Murillo de la Rocha, en la revista Lazos.

Los chilenos consideraron que Perú se excedía en sus derechos, al pretender tener participación en el corredor, sin ofrecer otro territorio semejante en su lado. Al final el problema de la compensación territorial y la contrapropuesta peruana sólo congeló la negociación boliviana. Banzer rompió relaciones diplomáticas con Chile el 17 de marzo de 1978.

Murillo de la Rocha considera que para que Bolivia pueda solucionar su problema marítimo deben confluir tres factores: primero la voluntad real de Chile para resolver el problema conforme a sus intereses, la voluntad viabilizadora de Perú en términos del Tratado de 1929 y un consenso de los bolivianos sobre la fórmula de arreglo.

“Esos factores nunca han estado en línea en los últimos 132 años, por eso seguimos así”.  “Cuando Chile se de cuenta que el enclaustramiento boliviano afecta a sus intereses económicos y políticos, tendrá voluntad”, dice.

Ese 1975 Chile estaba en la mira


“Chile sabe cuando negociar y cuando no”, resume Ramiro Prudencio. Javier Murillo de la Rocha coincide con él y recuerda que ese 1975, se había intensificado la presión argentina sobre el Canal de Beagle, Perú no cesaba de proclamar su decisión de recuperar las provincias cautivas y la comunidad internacional aislaba más a Pinochet, por eso Chile se acercó a Bolivia.

Los hitos entre Bolivia y Chile

1879, 1 de febrero
El gobierno de Hilarión Daza determina la reversión al Estado de las salitreras. Los chilenos mandan a su Encargado de Negocios “retírese inmediatamente. La rescisión decidió la ocupación de Antofagasta”. En tanto, el empresario británico Hicks se refugia en un buque chileno.

1879, 12 de febrero
El Gobierno chileno dirige una nota a las legaciones diplomáticas en Santiago para advertir que ordenó a su Fuerza Naval “reivindicar y ocupar en nombre de Chile los territorios que poseía antes de ajustar con Bolivia los tratados de 1866 y de Paz y de Amistad de 1874”.

1950, el mar a cambio del agua dulce del altiplano

Si algo distingue al acercamiento que hubo entre Bolivia y Chile en 1950, es la propuesta chilena de “intercambiar” el mar por las aguas del altiplano boliviano, para “hacer un vergel” del norte chileno, como dijera el presidente estadounidense Harry Truman.

Esta es una de las pocas veces en que el país mapocho, a cambio del acceso soberano de Bolivia al mar, habla de “compensaciones que no tengan carácter territorial”. En palabras del presidente chileno de entonces, Gabriel Gonzales Videla, la retribución boliviana consistiría en “las caídas de agua del altiplano para promover la transformación y el desarrollo económico y agrícola de las provincias del norte de Chile, del sur del Perú y parte importante del territorio boliviano”.

Estaba en la mente de Chile, afirma el ex canciller Javier Murillo, el uso de las aguas de los lagos Titicaca, Poopó y Coipasa.

Desahucio. Al margen de la aceptación o rechazo que hubo a la propuesta chilena, ésta chocó con dos hechos que desde el principio la desahuciaban: por un lado, el carácter binacional de las aguas del Titicaca (las más importantes), y por otro, que cualquier corredor al norte de Arica rompía la unidad sociocultural entre Tacna (Perú) y Arica (Chile).

El rechazo peruano no se hizo esperar: en un comunicado del 31 de marzo de 1951, reitera que cualquier tratativa sobre el norte chileno incumbe directamente a Perú, y que las aguas del Titicaca son peruano-bolivianas.

Luego, en 1952-55, con la revolución de abril en Bolivia, se retoma la negociación, pero esta vez sin tocar el tema del mar. El ex diplomático Murillo apunta cómo, por ejemplo, en 1955 el gobierno de Paz Estenssoro firma un Tratado de Complementación Económica con Chile, el que posibilitó la construcción del oleoducto Sica Sica-Arica, pero no se toca nada del tema marítimo. Acerca de la relación boliviano-chilena, Paz Estenssoro había dicho entonces: “sincera confraternidad despojada de recelos y menguados objetivos”; el Mandatario, señala Murillo, “nunca pudo explicar satisfactoriamente a qué menguados objetivos se refería”. 

El ex diplomático Ramiro Prudencio Lizón, destaca que en este momento la relación entre Bolivia y Chile sobre todo apuesta a mejorar el libre tránsito de mercaderías otorgado por Chile en 1904.

Lauca. Pero he aquí la contradicción chilena: mientras se acercaba al país, y se firmaba acuerdos de complementación, “no dejaban de trabajar, contrarreloj, los ingenieros que tenían a su cargo las obras para el desvío del río internacional Lauca”, señala Javier Murillo en su libro El largo conflicto.

El 14 de abril de 1962, cuenta el diplomático Escobari Cusicanqui, el presidente Alessandri “como un homenaje al Día de las Américas y haciendo uso de aquel derecho suyo de disponer de lo ajeno, en el momento que considere oportuno, ordenó la apertura de las compuertas y se llevó las aguas del río Lauca”.

Bolivia respondió rompiendo relaciones diplomáticas con Chile, retirándose por un tiempo del Consejo de la OEA, que no atendió adecuadamente el problema.

El desliz del presidente Truman

En una reunión de cancilleres en Washington, el presidente de EEUU, Harry Truman, tuvo la impertinencia de revelar la propuesta chilena de mar por las aguas dulces del altiplano boliviano. Para el mandatario el uso de estas aguas harían un “vergel en la costa occidental de Sudamérica para Chile y Perú”. Esto desató la oposición en Perú, Bolivia y Chile.

Las urgencias chilenas en 1950

El ex canciller boliviano Javier Murillo se pregunta qué es lo que realmente pretendía Chile con la estrategia de mar por las aguas del altiplano boliviano. En su texto, El largo conflicto, Murillo afirma que al fin de cuentas, el presidente Gonzales Videla y su canciller Wálker Martínez lo que pretendían al parecer son tres cosas:

Resolver el problema marítimo boliviano lo más lejos posible del centenario de la Guerra del Pacífico, “para despejar el peligro de que el Perú pudiera materializar sus proclamas reivindicatorias, previstas para tal aniversario”.

Obtener ventajas extraordinarias a costa de las aguas del altiplano, pese a que una de las principales fuentes acuíferas, el lago Titicaca, estaba en condominio boliviano-peruano.

Lograr, con este proyecto, un amplio apoyo de la opinión pública chilena, especialmente de las zonas directamente beneficiadas en el norte de Chile, las que frecuentemente se quejaban de la indiferencia de Santiago.

El acercamiento boliviano-chileno, además, se dio en medio del empeño personal del presidente de Chile, Gabriel Gonzales Videla, “en procura de buscar la fórmula de un arreglo definitivo con Bolivia” (El largo conflicto entre Chile y Bolivia. Dos visiones, Taurus, 2004).

El embajador boliviano de entonces, Alberto Ostria Gutiérrez, en su informe a la Cancillería había dicho en relación a una nota oficial chilena: “Se ha obtenido en esa respuesta lo que interesaba a nuestro país y el Gobierno chileno declara ahora oficialmente que animado de un espíritu fraternal hacia Bolivia, está llano a entrar formalmente en una negociación directa destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al Océano Pacífico, y a Chile obtener las compensaciones que no tengan carácter territorial y que consulten efectivamente sus intereses”. (Ver El largo conflicto)

Era la convicción del presidente chileno que las aguas del altiplano boliviano no sólo irrigarían el desierto, sino que también servirían para la minería del cobre y hasta “para crear la industria pesada” chilena.

Los hitos entre Bolivia y Chile
 
1878, diciembre
Chile convierte en un problema internacional el impuesto de los 10 centavos. Moviliza el acorazado Blanco Encalada y ordena a su agente diplomático retirar su pasaporte de la Cancillería de La Paz y declara que “renacen para Chile todos los derechos legítimos desde 1866”.

1879, 11 de enero
El prefecto de Antofagasta, coronel Severino Zapata, inicia juicio coactivo y dispone la detención del gerente de la Compañía de Salitre y FFCC de Antofagasta, el británico George Hicks, y el embargo de todos sus bienes hasta que honre su deuda con el fisco boliviano.

Chile ofrece soberanía, Bolivia rechaza

Hacia finales del siglo XIX, y mientras agonizaba la Era de la Plata en Bolivia, la guerra con Chile no había acabado del todo, lo único que contenía el poderío militar de este último era el frágil Pacto de Tregua de 1884.

Poco después de asumir el mando, a mediados de 1892, el conservador Mariano Baptista, por intermedio de su canciller, Severo Fernández Alonso, y su ministro plenipotenciario en Chile, Heriberto Gutiérrez, reabre la discusión con Chile a través de un documento titulado “Bases para un tratado de paz y comercio con la República de Chile”.

Resultado de esta iniciativa, el 18 de mayo de 1895, ambos países suscriben los proyectos de tres tratados, entre ellos el de Paz y Amistad y de Transferencia de Territorios.

En el primero, Bolivia reconoce la soberanía de Chile sobre todo el litoral boliviano conquistado en la guerra de 1879. En el segundo, Chile se compromete a transferir a Bolivia los territorios de Tacna y Arica en caso de que adquiriese “dominio y soberanía permanente” sobre los mismos. Si ello no sucede, “se compromete a ceder a Bolivia la caleta de Vítor hasta la quebrada de Camarones u otra análoga, además de la suma de cinco millones de pesos de plata...”.

A pesar de la oferta, aparentemente generosa, el entonces canciller Emeterio Cano, primero, y los miembros del Congreso, después, abundaron en críticas. Según relata Alberto Crespo Gutiérrez, algunos congresistas incluso consideraron como insuficiente el ofrecimiento de la caleta Vítor y de la misma Arica.

Finalmente, entre aclaraciones y aclaraciones de aclaraciones, los congresos de los dos países aprobaron los tratados, pero con diferencias que acabaron por dejarlos sin efecto, quedando vigente el tratado de Pacto de Tregua de 1884, un documento firmado entre el vencedor y el vencido, con todo lo que ello de negativo implica para el segundo.

Acceso. Como el mismo presidente Baptista destacó en su mensaje de despedida, el 6 de agosto de 1896, a pesar de la oposición que generó la firma de los tratados, Chile reconoció por primera vez, “como natural, es decir de derecho”, el libre acceso de Bolivia al mar.

Más tarde, Daniel Salamanca diría de este congreso que “mostró una lastimosa ausencia de sentido de la realidad del mundo... y que esos tratados, comparados con el que después se suscribió en 1904, pueden considerarse una fortuna extraordinaria”. El internacionalista Carlos Walker Martínez comentó: “No se comprende cómo es que Bolivia no ha recibido de rodillas aquellos tratados”. El mismo senador chileno Balmaceda lamentó: “Son los peores tratados que Chile ha firmado”.

El escritor Alberto Crespo lo resume así: “La suscripción de los tratados, tramitados legalmente en ambos países, aseguraba jurídicamente la permanencia soberana de Bolivia en la costa del océano Pacífico. Bolivia, con ese título en las manos, pudo haber esperado tranquilamente el desenlace de lo acordado en el tratado de Ancón por Chile y el Perú. Cualquier solución que esas naciones hubieran dado a la posesión de los territorios de Tacna y Arica, mediante plebiscito o por arreglo directo, como finalmente lo hicieron en 1929, no habría afectado el derecho adquirido por nuestro país. El resultado final tenía que ser la cesión de Arica, de Vítor, o, en último caso, de una ‘caleta análoga’, pero no el enclaustramiento”.

Recordemos que con la firma del protocolo del tratado chileno-peruano de 1929, los gobiernos de Chile y el Perú no podían, “sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que, en conformidad con el Tratado de esa misma fecha, quedan bajo sus respectivas soberanías...”

Críticas a los tratados de 1895


Se temía que Chile valide sólo uno de los dos tratados, validando sólo aquél en el que adquiere título legal de propiedad sobre el litoral boliviano y no cumplir el de la cesión de Tacna y Arica, según opina el historiador Roberto Querejazu.

Por otro lado, el internacionalista Antonio Quijarro creía entonces que la importancia del puerto de Arica había disminuido con la competencia de Antofagasta. Retener ese territorio implicaba, además, construir un ferrocarril hasta La Paz en una extensión que se aproxima a las 80 leguas.

Los hitos entre Bolivia y Chile

1836, octubre
Nace la Confederación Perú-Boliviana, a iniciativa del general Andrés de Santa Cruz, que inquieta  a Chile. “Unidos esos dos estados, aunque sea momentáneamente, serán siempre más que Chile. La Confederación debe desaparecer”, dice una nota del Gobierno de Chile a su Ejército.

1863, marzo
El Embajador inglés informa a su Gobierno sobre depósitos de guano en Mejillones, luego Chile toma el lugar y declara “su incuestionable derecho”, ante la protesta boliviana. Tres meses después, el Congreso boliviano autoriza declarar la guerra a Chile. Se inician las negociaciones.

1865
Tras un incidente con un terrateniente peruano y unos vascos, barcos españoles amenazan a Valparaíso, Chile. Los australes piden ayuda a Perú, Ecuador y Argentina, pero no a Bolivia por no tener relaciones. El presidente Mariano Melgarejo en solidaridad levanta la Declaratoria de Guerra.

1866, agosto
Se suscribe el tratado de límites entre Bolivia y Chile; se fija el paralelo 24 de latitud meridional, pero además se reparten al 50% la explotación de guano entre los paralelos 23 y 25. Un mes después, Melgarejo cede a Chile, por 10.000 pesos, la explotación de salitre en Cobija.