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sábado, 2 de julio de 2011

Las negociaciones Banzer Pinochet de 1975-1978

Durante los tres años del gobierno de Salvador Allende, 1970-1973, fracasaron también los esfuerzos de las dos cancillerías con el objeto de reanudar relaciones diplomáticas. En agosto de 1971 subió a la Presidencia el general Hugo Banzer y dos años después, en septiembre de 1973, otro general, chileno esta vez, asumió el mando en Chile: Augusto Pinochet. Ambos llevarían a cabo una de las gestiones más importantes –junto a la de 1895– destinadas a solucionar la mediterraneidad de Bolivia.

En marzo de 1974, los dos Jefes de Estado se encontraron por primera vez en Brasilia, en la transmisión del mando del Presidente Geisel, y acordaron “resolver asuntos pendientes y fundamentales para las dos naciones”. Era un adelanto después de doce años sin relaciones diplomáticas.
En diciembre siguiente, Chile y delegados de otros ocho países firmaron en Lima la Declaración de Ayacucho que se refiere “a la mediterraneidad que afecta a Bolivia”.

Ese verano, el 8 de febrero de 1975, se reunieron en la localidad boliviana de Charaña, por iniciativa chilena, los generales Pinochet y Banzer; acordaron reanudar relaciones diplomáticas y, por primera vez desde 1961, resolvieron “que continúe el diálogo a diversos niveles para buscar fórmulas de solución a los asuntos vitales que ambos países confrontan, como el relativo a la situación de mediterraneidad que afecta a Bolivia, dentro de recíprocas conveniencias y atendiendo a las aspiraciones de los pueblos boliviano y chileno”.

Como en tantas otras oportunidades, la nueva etapa de aproximación se iniciaba llena de optimismo y transcurridos varios meses de reuniones y consultas, el embajador de Bolivia, Guillermo Gutiérrez
Vea Murguía, presentó, con fecha 26 de agosto de 1975, una propuesta formal con las pretensiones bolivianas, redactado sobre la base de un estudio preparado por la Comisión Marítima del país altiplánico. El mes era de especial significación pues se estaba celebrando el Sesquicentenario de la Independencia.

La propuesta tenía dos puntos fundamentales que conviene transcribir íntegros:

“1. Cesión a Bolivia de una costa marítima soberana entre la línea de la Concordia y el límite del radio urbano de la ciudad de Arica. Esta faja deberá prolongarse con una faja territorial soberana desde dicha costa hasta la frontera boliviano-chilena, incluyendo la transferencia del ferrocarril Arica La Paz.”

El otro punto era nuevo en las centenarias conversaciones marítimas, que siempre se habían reducido a la región ariqueña: 

“2. Cesión a Bolivia de un territorio soberano de 50 kilómetros de extensión a lo largo de la costa y 15 kilómetros de profundidad, en zonas apropiadas a determinarse, alternativamente, próximas a Iquique, Antofagasta o Pisagua.”

Y no se trataba de una u otra proposición, sino, como explicó el embajador Gutiérrez: “Manifesté al canciller que se trataba de un paquete de conjunto englobando todos los aspectos que preocupaban a mi país”.

Respecto al puerto de Arica, Bolivia pedía autonomía en sus operaciones; en lo referente al enclave, la propiedad de carreteras, ferrocarriles o poliductos, los que, por supuesto, serían de libre circulación para Chile.

En la nota no se hablaba de “compensaciones”, usándose, en cambio, la palabra “aportes”. De más parece decir que la proposición. trataba de dejar contentos en Bolivia tanto a los “practicistas” (que se contentan con un corredor), como a los “reivindicacionistas”, que desean recuperar el litoral perdido en Antofagasta.

Pasaron tres meses y medio, mientras Chile redactaba su respuesta. En el intertanto renunció el embajador Gutiérrez molesto porque elementos de su país lo habían calificado de “complaciente con el pensamiento chileno”. Renuncia que luego retiró. Pero era indudable que el gobierno de La Paz estaba descontento con el de La Moneda, no solo por la demora en contestar, sino por lo que calificaban de actitud ambigua chilena para reconocer, francamente, que lo que se discutía era “salida soberana al mar de Bolivia” y no solamente medidas destinadas a un acercamiento para mejorar relaciones... Se trataba –y se repetiría en 1986– de recelos y desconfianzas provocados por el largo periodo sin relaciones diplomáticas. Se comprobaba, una vez más, que el rompimiento de relaciones a que Bolivia es tan afecto, con rompimiento de relaciones a que Bolivia es tan afecto, constituye un grave error que solo le causa problemas a ese país y ninguna ventaja.

Finalmente, el 12 de diciembre de 1975, la Cancillería chilena comunicó verbalmente una respuesta que el 16 de ese mes Bolivia aceptó por escrito. Era la contrapropuesta de Chile que el 19 de diciembre debió ser entregada nuevamente y esta vez por escrito. De ella deseo destacar los siguientes puntos fundamentales:

“4) d) Chile estaría dispuesto a negociar con Bolivia la Cesión de una franja de territorio al Norte de Arica hasta la Línea de la Concordia, en base a las siguientes delimitaciones:

“ Límite Norte: el actual límite de Chile con Perú.


“ Límite Sur: la Quebrada de Gallinazos y el borde Norte superior de la quebrada del río Lluta (en forma de que la carretera A-15 de Arica a Tambo Quemado quede en su totalidad en territorio chileno) hasta un punto al Sur de la Estación de Puquios y luego una línea aproximada recta que pase por la cota 5370 del Cerro Nasahuento y se prolongue hasta el actual límite internacional de Chile con Bolivia.

“ Superficie: la Cesión incluiría el territorio terrestre ya descrito y el territorio marítimo comprendido entre los paralelos de los puntos extremos de la costa que se cedería (mar territorial, zona económica y plataforma submarina)”.

Con este párrafo de la contraproposición chilena, el gobierno de nuestro país volvía, en materia de comunicación soberana de Bolivia con el Pacífico, a una etapa de comprensión y entendimiento de las aspiraciones marítimas altiplánicas.

Se rechazaba –y nadie esperaba que se aceptara– el enclave solicitado dentro del “paquete” de la proposición; pero, lo más importante, por primera vez Chile exigía una compensación territorial en esta centenaria negociación entre los dos países: “una superficie compensatoria equivalente como mínimo al área de tierra y mar cedida a Bolivia”; Bolivia pagaría por el aeropuerto de Chacalluta, el ferrocarril de Arica a Bolivia y demás instalaciones y construcciones estatales existentes en el corredor.

Además, Chile sería autorizado a aprovechar la totalidad de las aguas del río Lauca; el territorio cedido quedaría desmilitarizado y no se podrían entregar a una tercera potencia; se dejaría testimonio “solemne” de que ésta sería la “solución plena y definitiva de la situación de mediterraneidad de Bolivia”.

Fue, indudablemente, curiosa la actitud chilena de proponer en su inicio, solo verbalmente, algo tan trascendental como una cesión territorial. Que luego, como dije, tuvo que reiterar por escrito. La aceptación tuvo que reiterar por escrito. La aceptación boliviana fue doble: primero, un sí a los “términos generales de la respuesta”; un sí con “agradecimiento”, a la “decisión... de conceder a Bolivia una costa marítima soberana, unida al territorio soberano por una faja territorial igualmente soberana”; y una precisión de que los demás planteamientos bolivianos “serán objeto de negociaciones”.

Retrocedía la historia diplomática a esos meses iniciales del año 1895, en que el joven ministro Luis Barros Borgoño iniciaba la negociación portuaria con el ministro plenipotenciario de Bolivia, Heriberto Gutiérrez. Ahora era un almirante chileno, Carvajal, que hacía entrega de la respuesta chilena a un bisnieto de Gutiérrez, a Guillermo Gutiérrez Vea Murguía.

Pero ya no se entregaban las extensas provincias de Tacna y Arica, “si por plebiscito o arreglo directo se adquiriesen”, o “la caleta de Vitor hasta la Quebrada de Camarones u otra semejante”, recibiendo por esta venta o Cesión una compensación de “cinco millones de pesos de plata”. Ahora se entregaba un territorio calculado en unos 3.000 kilómetros cuadrados de superficie (2.000 según Gutiérrez Vea Murguía), terminado en una playa de unos ocho kilómetros de largo, y su mar correspondiente, entre la Quebrada de Gallinazos y la Línea de la Concordia, canjeados, tierra y mar chilenos, por una superficie compensatoria equivalente de territorio terrestre boliviano.

Claro que en 1975 había algo que complicaba las cosas: la negociación tendría buen término si así lo quería Perú, de acuerdo con el Art. 1º del Protocolo de 1929. Para lograr ese “acuerdo previo”, el subsecretario subrogante de Relaciones Exteriores de Chile y funcionario de carrera, Javier Illanes, que mucho debió moverse por esos días, entregó otra nota el 19 de diciembre, esta vez a la Embajada del Perú. Se ponía así en movimiento, por primera vez, el mecanismo acordado para la Cesión de Tacna o de Arica.

El gobierno peruano respondió doce días después. No fue el simple sí o no que esperaba la Cancillería chilena, sino un primer acuse de recibo, el 31 de ese mismo mes de diciembre de 1975.
Chile y Bolivia: ¡Hasta cuándo!
Óscar Pinochet de la Barra

miércoles, 23 de marzo de 2011

1987, Bolivia insiste: o un corredor o un enclave

En el acercamiento de 1987, esta vez la iniciativa la tuvo Bolivia, con propuestas territoriales concretas, formuladas a Chile mediante dos memorandos. En el primero, se reclama la cesión de un corredor soberano al norte de Arica y a lo largo de la frontera entre Perú y Chile; y, en el segundo, se propone tres posibilidades de cesión de un enclave, también soberano, sobre el litoral chileno.

El planteamiento del corredor al norte de Arica, que en la propuesta boliviana del 87 comprendía incluso coordenadas geográficas, en realidad era una idea que había sido trabajada por Bolivia y Chile ya en 1950 y en 1975.

Lo nuevo aquí es el enclave soberano que plantea Bolivia mediante tres alternativas: uno entre Caleta Camarones y Pisagua; otro, más abajo, entre Tocopilla y Cobija; y, el tercero (más al sur), entre Caleta Michilla y Mejillones.

La primera alternativa comprendía una superficie de 1.068 kilómetros cuadrados, con un “frente de costa” de 42 kilómetros; la segunda alcanzaba a 1.238 kilómetros cuadrados, con una costa de 47 kilómetros; y, la tercera, 1.500 kilómetros cuadrados, con una costa de 50 kilómetros.

Fresco. La propuesta boliviana estaba en el marco de lo que el presidente de entonces, Víctor Paz Estenssoro, llamó de “enfoque fresco del problema”.

Los dos memorandos bolivianos fueron presentados a Chile en la reunión del 21 al 23 de abril de 1987 en Montevideo, Uruguay. El canciller boliviano era Guillermo Bedregal Gutiérrez, y el chileno, Jaime del Valle. Augusto Pinochet aún era presidente de Chile.

La respuesta de Chile a los memorandos bolivianos vino a los 46 días de la cita de Montevideo, mediante un comunicado de prensa de su cancillería, el 9 de junio.

En la parte central de la nota, la posición chilena es lapidaria: “Después de esta intensa etapa de análisis, consultas y pormenorizada información y dentro del espíritu de seriedad y franqueza que caracteriza a la política exterior chilena, la Cancillería siente el deber de manifestar que no resulta admisible para Chile el fondo de la aludida propuesta boliviana en sus dos alternativas, esto es la concesión de territorio chileno soberano sea a través de un corredor al norte de Arica o de enclaves a lo largo de su litoral”.

Impulso económico a Charaña

La franja territorial al norte de Arica pudo haber tenido la virtud de dinamizar la economía de la provincia Pacajes de La Paz, especialmente del municipio de Charaña, pues el ingreso a Bolivia por un “camino boliviano”(dentro del corredor) era precisamente por Charaña, concretamente, la carretera Arica-Bisbiri-Charaña-La Paz. Con la vigencia de la franja, en poder de Bolivia también iba a quedar el ferrocarril La Paz-Arica; así como el oleoducto Sica Sica-Arica; además del aeropuerto de Chacalluta.

La franja al norte de Arica, el mayor avance

La franja territorial al norte de Arica y que corre junto a la Línea de la Concordia (la actual frontera entre Perú y Chile), es una de las propuestas más elaboradas para resolver el problema marítimo boliviano, coinciden el ex canciller Javier Murillo y el ex diplomático Ramiro Prudencio Lizón.

Aclarando que no es, propiamente, un planteamiento chileno, sino de elaboración conjunta entre ambos países, Murillo afirma que el corredor “es una propuesta válida; a mi juicio es la única viable, porque no se puede pretender una franja al sur de Arica, porque se estaría dividiendo en dos el territorio de Chile”.

Pero una franja territorial boliviana en la frontera peruano-chilena, de hecho convoca a Perú en la negociación, pues en virtud del tratado de 1929 entre ambos países, cualquier cesión que Chile haga de este territorio (que antes perteneció al Perú), debe contar con la aprobación del país incaico.

En 1975, cuando se habló del corredor, la posición peruana fue peculiar: levantó el veto a la franja, admitiendo la soberanía boliviana en ésta, pero sólo hasta donde cruza la carretera Panamericana entre Arica y Tacna (cerca al mar) y, a partir de allí hasta la costa planteó la creación de un territorio trinacional.

Este territorio tripartito es coherente con la convicción de Perú, dice Murillo, de que la franja boliviana no debe romper con la unidad cultural, económica y social que hoy existe entre Tacna (Perú) y Arica (Chile).

Intereses, antes que buenos deseos

Para el ex canciller Javier Murillo, el problema marítimo será resuelto sólo “cuando concurran en un mismo momento político la efectiva voluntad de Chile, el consentimiento del Perú y la convergencia de criterios en Bolivia”.

Esta coincidencia es lo que no se dio en la larga historia de los acercamientos y alejamientos entre Bolivia y Chile. Ramiro Prudencio recuerda que “cuando se llega a algún entendimiento con Chile, es que éste algún interés tiene en Bolivia”.

En 1975, por ejemplo, considerada la negociación de mayor alcance del siglo XX, ¿por qué Chile aceptó ingresar en la negociación?, se pregunta Murillo (Revista Lazos, Fundación Unir). “Las respuestas son obvias: se había intensificado la presión argentina sobre el Canal de Beagle; se estaba a menos de tres años del centenario de la Guerra del Pacífico; el Gobierno de Chile sufría un severo aislamiento internacional”.

Depuesto Alvarado, tranquilizada Argentina, “Chile va perdiendo interés en la negociación con Bolivia. A medida que se disipan los peligros, La Moneda hace más difíciles las condiciones del arreglo…”

Los hitos entre Bolivia y Chile

1879, 13 de febrero
El ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, Eulogio Doria Medina, expresa al representante peruano José Quiñones su temor de que “Chile habría entrado al campo de los hechos apoderándose de Antofagasta”. Se cierne un conflicto y los chilenos se preparan para las escaramuzas. 

1879, 14 de febrero
Se produce la ocupación chilena a Antofagasta, y un día más tarde se toma Cobija y Caracoles. Los cónsules bolivianos en Valparaíso, coronel Juan Granier, y en Tacna, Manuel Granier, envían mensajeros a La Paz para informar que Chile ha ordenado la ocupación del litoral nacional.

1879, 23 de marzo
Tras hacer huir en principio a los jinetes chilenos, Eduardo Abaroa queda malherido en el puente Topáter cercado por los trasandinos. Armado de su Winchester, que no dejó de disparar, siguió combatiendo y cuando le pidieron que se rinda respondió: “¡Que se rinda su abuela, carajo!”.

1879, 8 de octubre
Los buques chilenos logran hundir al peruano “Huáscar” y a su legendario capitán Miguel Grau. Para ello, los chilenos apelan a la fuerza del “Blanco Encalada”, “Matías” y “Covadonga”, además de los enormes acorazados: “Lord Cochrane”, “O’Higgins” y “Chacabuco”.

El debate: soberanía plena o soluciones intermedias

El debate sobre el mar también divide a los diplomáticos entre quienes piensan que el acceso soberano es irrenunciable y no hay alternativa, y quienes piensan que se puede ensayar soluciones “de medio camino”, intermedias (corredor sin soberanía pero en vista de obtenerla luego).

En la primera tendencia se ubica el ex canciller Javier Murillo, que distingue entre “solución portuaria” y “solución costera”: “para mí, lo único que vale es la solución costera, y es que la costa es lo principal y el puerto es lo accesorio; hay que tener en cuenta que nosotros estamos geográficamente enclaustrados, no estamos portuariamente enclaustrados. Lo que nosotros hemos perdido es cualidad marítima, uno de los atributos de la soberanía”.

En la otra vereda se halla el historiador Ramiro Prudencio Lizón, quien considera que, en lo práctico, es necesaria la gradualidad: “Hay que dar pasos. El primero es aceptar una concesión sin soberanía. Ésta no será fácil por dos cosas: porque en Chile no hay simpatía para eso y, segundo, porque en Bolivia no se ve tampoco fácil que se acepte el canje territorial. Luego, cuando Bolivia pueble ese corredor sin soberanía, ya después podrá negociar (en mejores condiciones)”.

Canje territorial, el dilema boliviano

El tema del canje territorial fue introducido por Chile ya en el año 1975, cuando en medio de las conversaciones surgió la propuesta de la cesión a Bolivia de la franja al norte de Arica.

El canje o compensación territorial es un hecho objetivo de la negociación que llevaron adelante Bolivia y Chile.

Y “es que es muy difícil que cualquier país esté dispuesto, en la mesa de negociaciones, a perder territorio. Para mí la lógica del canje (para Bolivia) es tener el mismo número de kilómetros cuadrados que tenemos pero con mar; estaríamos dando un territorio a cambio de otro que nos conecte con el océano Pacífico”, reflexiona el ex canciller Javier Murillo.

De último, se ha planteado como factor de negociación al gas; con todo, insiste Murillo, “no se puede compensar la pérdida de un atributo, como el de la soberanía marítima, sino con un bien político, jurídico y económico equivalente, lo que descarta el camino de las soluciones meramente comerciales”.

El doble filo de los referendos nacionales


El canciller boliviano, David Choquehuanca, reconoce que sea cual fuere el resultado de las negociaciones que hagan los gobiernos de Bolivia y Chile, por la dimensión del tema, necesariamente en ambos países se deberá ir a consulta o referéndum ciudadano.

Según la experiencia que se tiene en este tipo de consultas, señala el ex canciller Murillo, es decisiva la información que el Gobierno dé a la población y la forma en que lo haga.

En Chile, por ejemplo, “si existe una verdadera voluntad del Gobierno chileno de informar los beneficios que existe de un arreglo con Bolivia, si se hace esta tarea, es posible que los resultados de la consulta sean positivos (para Bolivia)”.

De ahí que en el fondo, mucho del referéndum en Chile depende de la voluntad real que tenga su Gobierno para plantear el tema a la ciudadanía.  En el caso boliviano, el problema estará sin duda en la cesión que el país deberá hacer ante una demanda chilena.

Si bien en todos los anteriores gobiernos la opinión pública boliviana de plano rechazó, por ejemplo, el canje territorial  a cambio de un corredor, también hay que considerar la evolución que pueda haber tenido la conciencia ciudadana, destaca el historiador Prudencio.

1950, el mar a cambio del agua dulce del altiplano

Si algo distingue al acercamiento que hubo entre Bolivia y Chile en 1950, es la propuesta chilena de “intercambiar” el mar por las aguas del altiplano boliviano, para “hacer un vergel” del norte chileno, como dijera el presidente estadounidense Harry Truman.

Esta es una de las pocas veces en que el país mapocho, a cambio del acceso soberano de Bolivia al mar, habla de “compensaciones que no tengan carácter territorial”. En palabras del presidente chileno de entonces, Gabriel Gonzales Videla, la retribución boliviana consistiría en “las caídas de agua del altiplano para promover la transformación y el desarrollo económico y agrícola de las provincias del norte de Chile, del sur del Perú y parte importante del territorio boliviano”.

Estaba en la mente de Chile, afirma el ex canciller Javier Murillo, el uso de las aguas de los lagos Titicaca, Poopó y Coipasa.

Desahucio. Al margen de la aceptación o rechazo que hubo a la propuesta chilena, ésta chocó con dos hechos que desde el principio la desahuciaban: por un lado, el carácter binacional de las aguas del Titicaca (las más importantes), y por otro, que cualquier corredor al norte de Arica rompía la unidad sociocultural entre Tacna (Perú) y Arica (Chile).

El rechazo peruano no se hizo esperar: en un comunicado del 31 de marzo de 1951, reitera que cualquier tratativa sobre el norte chileno incumbe directamente a Perú, y que las aguas del Titicaca son peruano-bolivianas.

Luego, en 1952-55, con la revolución de abril en Bolivia, se retoma la negociación, pero esta vez sin tocar el tema del mar. El ex diplomático Murillo apunta cómo, por ejemplo, en 1955 el gobierno de Paz Estenssoro firma un Tratado de Complementación Económica con Chile, el que posibilitó la construcción del oleoducto Sica Sica-Arica, pero no se toca nada del tema marítimo. Acerca de la relación boliviano-chilena, Paz Estenssoro había dicho entonces: “sincera confraternidad despojada de recelos y menguados objetivos”; el Mandatario, señala Murillo, “nunca pudo explicar satisfactoriamente a qué menguados objetivos se refería”. 

El ex diplomático Ramiro Prudencio Lizón, destaca que en este momento la relación entre Bolivia y Chile sobre todo apuesta a mejorar el libre tránsito de mercaderías otorgado por Chile en 1904.

Lauca. Pero he aquí la contradicción chilena: mientras se acercaba al país, y se firmaba acuerdos de complementación, “no dejaban de trabajar, contrarreloj, los ingenieros que tenían a su cargo las obras para el desvío del río internacional Lauca”, señala Javier Murillo en su libro El largo conflicto.

El 14 de abril de 1962, cuenta el diplomático Escobari Cusicanqui, el presidente Alessandri “como un homenaje al Día de las Américas y haciendo uso de aquel derecho suyo de disponer de lo ajeno, en el momento que considere oportuno, ordenó la apertura de las compuertas y se llevó las aguas del río Lauca”.

Bolivia respondió rompiendo relaciones diplomáticas con Chile, retirándose por un tiempo del Consejo de la OEA, que no atendió adecuadamente el problema.

El desliz del presidente Truman

En una reunión de cancilleres en Washington, el presidente de EEUU, Harry Truman, tuvo la impertinencia de revelar la propuesta chilena de mar por las aguas dulces del altiplano boliviano. Para el mandatario el uso de estas aguas harían un “vergel en la costa occidental de Sudamérica para Chile y Perú”. Esto desató la oposición en Perú, Bolivia y Chile.

Las urgencias chilenas en 1950

El ex canciller boliviano Javier Murillo se pregunta qué es lo que realmente pretendía Chile con la estrategia de mar por las aguas del altiplano boliviano. En su texto, El largo conflicto, Murillo afirma que al fin de cuentas, el presidente Gonzales Videla y su canciller Wálker Martínez lo que pretendían al parecer son tres cosas:

Resolver el problema marítimo boliviano lo más lejos posible del centenario de la Guerra del Pacífico, “para despejar el peligro de que el Perú pudiera materializar sus proclamas reivindicatorias, previstas para tal aniversario”.

Obtener ventajas extraordinarias a costa de las aguas del altiplano, pese a que una de las principales fuentes acuíferas, el lago Titicaca, estaba en condominio boliviano-peruano.

Lograr, con este proyecto, un amplio apoyo de la opinión pública chilena, especialmente de las zonas directamente beneficiadas en el norte de Chile, las que frecuentemente se quejaban de la indiferencia de Santiago.

El acercamiento boliviano-chileno, además, se dio en medio del empeño personal del presidente de Chile, Gabriel Gonzales Videla, “en procura de buscar la fórmula de un arreglo definitivo con Bolivia” (El largo conflicto entre Chile y Bolivia. Dos visiones, Taurus, 2004).

El embajador boliviano de entonces, Alberto Ostria Gutiérrez, en su informe a la Cancillería había dicho en relación a una nota oficial chilena: “Se ha obtenido en esa respuesta lo que interesaba a nuestro país y el Gobierno chileno declara ahora oficialmente que animado de un espíritu fraternal hacia Bolivia, está llano a entrar formalmente en una negociación directa destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al Océano Pacífico, y a Chile obtener las compensaciones que no tengan carácter territorial y que consulten efectivamente sus intereses”. (Ver El largo conflicto)

Era la convicción del presidente chileno que las aguas del altiplano boliviano no sólo irrigarían el desierto, sino que también servirían para la minería del cobre y hasta “para crear la industria pesada” chilena.

Los hitos entre Bolivia y Chile
 
1878, diciembre
Chile convierte en un problema internacional el impuesto de los 10 centavos. Moviliza el acorazado Blanco Encalada y ordena a su agente diplomático retirar su pasaporte de la Cancillería de La Paz y declara que “renacen para Chile todos los derechos legítimos desde 1866”.

1879, 11 de enero
El prefecto de Antofagasta, coronel Severino Zapata, inicia juicio coactivo y dispone la detención del gerente de la Compañía de Salitre y FFCC de Antofagasta, el británico George Hicks, y el embargo de todos sus bienes hasta que honre su deuda con el fisco boliviano.

BOLIVIA NO DESCARTA ACUERDO INICIAL SIN SOBERANÍA CON CHILE

El ministro David Choquehuanca en una entrevista en la que confirma el buen momento que, a decir del Gobierno, pasan las relaciones bilaterales con Chile. A la espera de un encuentro presidencial, donde se proseguirán las reuniones de alto nivel y con la esperanza de lograr, de parte del país trasandino, propuestas “útiles, concretas y factibles”, no descarta un desarrollo gradual, aunque sin perder el fin último: un acceso soberano al mar. 

— Canciller, con la esperanza de que no sea la típica entrevista del Día del Mar, ¿qué novedades hay en la relación con Chile de cara a la resolución del tema marítimo?

— Han pasado 132 años. Hubo en este lapso muchos acercamientos, muchas reuniones para resolver este tema pendiente, que no sólo es entre Bolivia y Chile; la comunidad internacional sabe que hay dos temas por definir en la región: Malvinas y la demanda marítima boliviana... Ahora, desde que asumimos el gobierno logramos que Chile incorpore (el tema marítimo) en la agenda de manera formal y sistemática. Ésta es la agenda de los 13 puntos, que incluye el problema marítimo. En la segunda gestión del presidente Morales, ya en el Estado Plurinacional, con la nueva administración del presidente Piñera, se logra dar otro paso importante: hacer que ambos gobiernos se comprometan, como está registrado en un acta, que en próximas reuniones trabajen propuestas útiles, concretas y factibles.

— ¿Para cuándo se prevén estas propuestas?

— Estaban previstas para diciembre (del 2010), ya que este mecanismo de consultas políticas, donde el tema marítimo se toca a la cabeza de los vicecancilleres, se activa dos veces al año. No pudo hacérselo esa fecha, por eso se ha quedado en una reunión presidencial en Foz de Iguazú, donde se decide crear una comisión binacional de alto nivel a la cabeza de los cancilleres, que debe reunirse las veces que sean necesarias hasta alcanzar estas propuestas concretas, útiles factibles. En este marco nos reunimos en Santiago de Chile para avanzar y establecer algunas bases, y luego en Bolivia, donde se ratifica que ya es hora de trabajar las mencionadas propuestas, para lo cual se coordina otra reunión presidencial, que debía celebrarse en ocasión de la Cumbre África-América Latina, que fue postergada y debía realizarse a mediados de marzo. 
 
— En concreto, ¿qué se acordó en la reunión de cancilleres? Nos imaginamos que los presidentes iban a conversar sobre puntos ya establecidos...

— Avanzar. Lo que pasa es que se estableció un mecanismo para no generar falsas expectativas, no manejar políticamente el tema ni negociar a través de los medios. Una vez que tengamos el documento, se lo haremos conocer a nuestros pueblos. Desde luego, nosotros no vamos a firmar nada sin que tenga la aceptación del pueblo boliviano.

— De todos modos, pese a lo reservado y delicado del tema, existe una historia de las relaciones entre ambos países donde ya hubo avances, como propuestas de enclaves y corredores, además de canjes territoriales. ¿Cuáles son los niveles de avance considerando estos antecedentes?

— Tenemos una larga historia desde la Audiencia de Charcas. Es importante mirar atrás, pero también superar el pasado y tener la capacidad de encontrar espacios conjuntos a través del diálogo y mecanismos pacíficos, que convenzan no sólo a Bolivia sino también a Chile. Esperaremos a ver qué plantea Chile. La posibilidad de canje territorial no debería pasar por nuestras mentes, no está en nuestra Constitución...

— Si bien el canje territorial no es posible, sí se han planteado recientemente enclaves y corredores...

— Seguramente en la mesa de negociaciones se presentarán varias fórmulas. Veremos qué nos plantea Chile.

— Para Bolivia, ¿qué significa propuestas ‘útiles, concretas y factibles’?

— Está en nuestra Constitución: retorno a las costas del Pacífico con soberanía. Esto es algo irrenunciable, pero podemos avanzar gradual y progresivamente hasta encontrar una solución definitiva.

— ¿Podemos entender por ‘gradualidad’ que al inicio no se llegue a un acuerdo que incluya la soberanía, aunque sin perder ese norte como solución final?

— Depende de las fórmulas que Chile nos presente.

— Pero esta última fórmula que le mencionamos no se descarta...

— Es que no puedo especular...

— Se lo decimos porque algunas voces chilenas también lo han planteado recientemente, es decir llegar a un acuerdo inicial sin soberanía, pero sin que ésta sea el último fin...

— No se descarta, pero hay que trabajar callados. Sólo hay que trabajar, no sirve de nada especular, calcular, no podemos adelantar respuestas...

— ¿Tiene carácter oficial la propuesta de un enclave sin soberanía con la posibilidad para Bolivia de transportar algunos productos?

— El Tratado de 1904 establece el libre tránsito sin restricciones, con un avance progresivo.

— ¿Con Bachelet se negoció algún enclave?

— En varias ocasiones indicamos que estamos en un proceso de diálogo y negociación que aún no ha terminado, y donde hay varias propuestas...

— ¿La diplomacia de los pueblos ha agregado algo a las relaciones con Chile?

— Ha tenido una importancia única. Hubo encuentros de la sociedad civil, autoridades locales y  municipales, medios de comunicación y otros. Gracias a ello se habla de mar para Bolivia...

— En este ambiente de confianza mutua y en el marco de la gradualidad, ¿es posible pensar en estrechar relaciones comerciales, en concreto: venderle gas a Chile?

— Tenemos que avanzar, trabajar en todos los campos. Ambos pueblos se necesitan... El tema del gas no está en la agenda de los 13 puntos, lo que no significa que en algún momento no se toque.

— ¿Puede ser un factor de negociación: gas por mar, quizás?

— Eso es de otros gobiernos. No se ha planteado.

— En caso de que se diera, ¿qué está Bolivia dispuesta a ofrecer a cambio de soberanía?

— Es nuestro derecho, cómo vamos a renunciar a nuestro derecho. Parecemos pro chilenos.

— No es eso, Canciller. Usted mismo ha aclarado que es una negociación, por lo tanto hay dos partes negociando...

— Estamos reclamando nuestro derecho...

— Por lo tanto, soberanía a cambio de nada...

— No hay aspiración, como dicen los chilenos, incluso algunos medios dicen que ‘nosotros aspiramos’. No es así, estamos reclamando nuestro derecho, no es a cambio de nada.

— Pero Chile va a pedir algo...

— No sabemos, Chile puede pedir todo, pero consideramos que hay avances.

— ¿Qué hay con la fecha límite que dispone la Constitución para acudir a un organismo internacional en caso de que no se llegue a un acuerdo? 

— La Constitución nos da un plazo de cuatro años desde su puesta en vigencia o desde que fue aprobada, ese dato debe ser aclarado por los juristas. Una vez que esto suceda, debemos renegociar los tratados internacionales en los próximos cuatro años.

— ¿Hasta entonces, que deberíamos lograr en el tema marítimo?

— Hemos demostrado en la práctica que queremos llegar a una resolución mediante el diálogo; seguimos en ese camino bilateral. Si nosotros alcanzamos a resolver, a dar pasos concretos, útiles, factibles, progresivamente, será una satisfacción para todos. Pero tenemos que mostrar resultados.

— ¿No entra el Perú en esta negociación?

— En caso de que alguna propuesta sea por territorios que antes fueron del Perú, entonces entra; pero no necesariamente.

— Sea cual fuere el resultado, al parecer, especialmente para Chile, éste tendrá que ser consultado con su población. ¿El Gobierno confía en algún referéndum en Chile?

— No me gusta especular. Esperaremos. Antes no se hablaba de referéndum, pero eso puede cambiar, en dos meses, un año, tres años.

— En las negociaciones que llevan adelante, ¿entra el resultado del referéndum del 2004, aquí en Bolivia?

— Cuando nosotros construimos la agenda de los 13 puntos, no tomamos en cuenta este (referéndum), porque en lugar de ayudar a acercar a nuestros pueblos, los ha aislado, ha deteriorado las relaciones. Queríamos tener una relación positiva. No es que lo desconocemos, pero no entraba como elemento de negociación.

— Después de todo, era un referéndum nacional…

— Así es. Hay temas que no son necesarios incorporar…, en la agenda de los 13 puntos no están temas que van a perjudicar nuestras relaciones; no está el tema gas, por ejemplo.

— ¿Cuál es el cronograma de trabajo con Chile?

— Ha habido una reestructuración en este ministerio; tenemos un nuevo viceministro, que una vez que se internalice en el tema ya podrá tener encuentros con su par chileno para continuar el diálogo. También queremos reforzar que personal especializado, profesionales calificados, puedan dedicar el cien por cien de su tiempo, porque es uno de los temas más importantes y delicados que tenemos todos.

— También existía la posibilidad de convocar a ex cancilleres y ex autoridades diplomáticas para conformar este grupo de alto nivel…

— No para este grupo. Ya hemos visto los resultados que han tenido los ex cancilleres. Si tú ves que alguien ha jugado mal en el partido de fútbol, si quieres una buena selección, no los vas a convocar a los que han perdido o a los que no han hecho nada. Eso no significa que descartemos la experiencia que ellos tienen, porque también son parte de la memoria oral histórica; en algún momento los vamos a convocar, no sólo a los cancilleres; hay personas que han hecho seguimiento a este tema.

— Finalmente, ¿tiene algún mensaje para hoy, 23 de marzo, Día del Mar?

— Como le decía. Que no es ninguna aspiración (la soberanía), es nuestro derecho, y que volveremos (al Pacífico).

Los hitos entre Bolivia y Chile

1950
Chile propone el “Corredor Boliviano” al norte de Arica. Sin embargo, las negociaciones abortan debido a un diálogo sostenido en Estados Unidos en el que el Presidente chileno comunicó estos planes (confidenciales) al presidente Truman, quien luego los dio a conocer a la prensa.

1975, 8 de febrero
Banzer y Pinochet suscriben una declaración en la que anuncian el restablecimiento de relaciones diplomáticas (cortadas en 1962). Los chilenos luego ofrecen un corredor por Arica, Bolivia pide un enclave más y los peruanos quieren una región trinacional. Fracasa el Tratado.

1987, abril
Representantes de Bolivia y Chile se reúnen en Montevideo, Uruguay. La Cancillería boliviana repone dos propuestas de negociación: la cesión por parte de Chile de una franja territorial soberana al norte de Arica, o el establecimiento de  un enclave boliviano en el litoral chileno.

2011,marzo
Los presidentes de Bolivia, Evo Morales, y Sebastián Piñera, de Chile, debían reunirse en marzo del 2011 en la Cumbre África-América Latina. Debido al conflicto en los países árabes, la cumbre fue postergada, posponiéndose también, sin fecha, la reunión de ambos mandatarios.

martes, 18 de enero de 2011

Bolivia y Chile abren diálogo formal sobre salida marítima

Chile y Bolivia abrieron un diálogo formal y técnico para resolver la histórica demanda de La Paz de lograr una salida al océano Pacífico. Es la primera vez, en 33 años, desde el fracaso de la negociación de Charaña, que los dos países discuten temas concretos sobre una eventual salida.

El acuerdo, sellado por el canciller David Choquehuanca y su par chileno, Alfredo Moreno, fijó para el 7 de febrero en la ciudad de La Paz la primera reunión de este equipo de trabajo.

“Tenemos que encontrar una solución útil, factible y concreta”, dijo Choquehuanca, tras el encuentro de ocho horas de trabajo en la Cancillería chilena, aledaña al Palacio presidencial de La Moneda.

Moreno, luego de destacar el “acercamiento entre los pueblos y gobiernos”, valoró que la iniciativa fue impulsado por el presidente, Evo Morales, y su par chileno, Sebastián Piñera.

Choquehuanca, tras señalar que no hay plazos para lograr un acuerdo, sostuvo que la comisión deberá “encontrar y encaminar una solución” al problema de la mediterraneidad boliviana.

7
de febreroEsta es la fecha del primer paso que dará la Comisión Binacional en La Paz.

La comisión, integrada por los cancilleres, los vicecancilleres y dos secretarios ejecutivos de dedicación exclusiva, analizará, eso sí, todos los tópicos y asuntos importantes para la relación bilateral. “Hemos hecho una revisión de todos los temas de la agenda”, reveló Choquehuanca, acompañado en la cita por la vicecanciller Mónica Soriano y el cónsul Wálker San Miguel, ex ministro de Defensa.

Para Chile, desde militares a líderes políticos, el acuerdo es impensado sin un pacto amplio de integración que otorgue estabilidad estratégica a la relación, conflictuada desde la Guerra del Pacífico de 1879.

Dicha postura fue compartida en un inédito seminario en diciembre en la sede del ex Congreso chileno por líderes del oficialismo y la oposición, además de ex jefes castrenses.

“Desde siempre he sido partidario de un corredor soberano para Bolivia en la frontera con el Perú”, dijo incluso el ex canciller Mariano Fernández, de la opositora Democracia Cristiana.

“Hay que buscar un acuerdo amplio de integración, no sólo una salida al mar”, agregó el ex comandante en jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre.

Las palabras de Cheyre apuntaron al interés de las empresas chilenas de penetrar el mercado boliviano, como lo hicieron con el Perú, adonde invirtieron unos 7.000 millones de dólares desde 1990.

En ese marco, el canciller Moreno, un ex encargado de negocios internacionales de grupos económicos chilenos, subrayó que la opción de lograr un acuerdo sería “un desarrollo muy importante para Chile”.

El acuerdo político, que apuntaría a una cesión territorial sin soberanía, tendrá su primer paso el 7 de febrero, cuando la comisión sesione en La Paz para definir los mecanismos de trabajo.

El acuerdo, que es seguido con atención por el Gobierno del Perú, ocurrió de hecho en la antesala de una visita del presidente Alan García a Santiago este miércoles y jueves. “Los pesimistas dicen no es tan buen momento (para visitar Chile)”, dijo García el domingo, debido a que su país cuestiona en La Haya la frontera marítima con Chile (DPA).